Ya se comercializa un biocombustible de segunda generación 100% español

Aunque de momento tiene lugar fuera de nuestras fronteras. Su fabricación, además, contribuye a reducir el volumen de residuos presente en los vertederos

Una empresa española comercializa ya fuera de nuestras fronteras un innovador biocombustible de segunda generación que contribuye a reducir el volumen de residuos presentes en los vertederos. Neoliquid desarrolla su actividad dentro de las instalaciones del Ecoparque de la ciudad de Toledo, donde cada año se trasladan, aproximadamente, las 250.000 toneladas de basura que generan los más de 670.000 habitantes de la provincia de Toledo.

«Actualmente se obliga a las petroleras a usar en sus mezclas un 5% de biocombustibles, representado por el biodiésel de colza y palma, mayoritariamente. A partir de 2020 dicho porcentaje aumentará hasta un mínimo del 10% de fuentes renovables (1ª generación hasta un máximo del 7%, 2ª generación mínimo un 0,5% y el resto, de otras fuentes). Aunque escalonadamente se quiere acabar con el de primera generación y emplear solo de segunda y tercera -en fase de desarrollo y relacionado con microalgas-», detalla Santiago Verda, director de Biohtm, firma que colabora con Neoliquid.

En cuanto al biocombustible de segunda generación que se fabrica en la mencionada planta de Toledo, Verda asegura que se trata de un proyecto sin parangón en Europa por la alta tecnología que aplican sobre la materia prima que les proporciona el Ecoparque. Y que «tradicionalmente se usaba como combustible en las cementeras, pero que hoy no tiene otra salida más que el vertedero», puntualiza. El ingeniero se refiere, concretamente, al Combustible Sólido Recuperado (CSR), formado por papel, cartón, plástico, madera o textil.

De los residuos orgánicos que los ciudadanos depositan en el denominado contenedor de resto, bien porque no tengan cabida en los otros dispuestos en las vías públicas, bien porque éstos no existan o simplemente porque no separen y reciclen en sus hogares, la empresa aprovecha toda la fracción de CSR para someterla a un proceso de descomposición conocido como pirólisis, el cual se lleva a cabo a elevada temperatura (450ºC) y en ausencia de oxígeno. De este modo resulta, por un lado, un 10% de un sólido: carbón que serviría para alimentar hornos industriales, por ejemplo. Así como dos tipos distintos de gases: uno que no se condensa y se emplea para calentar el propio horno pirolítico, de modo que no se consume energía durante el proceso; y otro que sí lo hace (se vuelve líquido) y se fracciona, a su vez, en parte ligera o gasolina y una parte pesada o diésel.

La huella de carbono del combustible obtenido es un 97% menor respecto a la del combustible de origen fósil

Con un CSR de alta calidad (con un 85% de plástico y un 15% biomasa: papel, madera, textil…) se logra un 60% de líquido renovable (combustible similar al diésel de calefacción) y un 15% de carbón en polvo. Con CSR de menos calidad (igual cantidad de plástico que de biomasa), en cambio, se consigue un 40% de líquido renovable y un 30% de carbón, pormenoriza Verda.

«Una de las ventajas de la pirólisis es que la huella de carbono del combustible obtenido es un 97% menor respecto a la del combustible de origen fósil», subraya el ingeniero. Esta tecnología, además, es extrapolable a los residuos de los envases que deberían ir al contenedor amarillo (plásticos, latas y briks). Con respecto a los orgánicos, los responsables de esta iniciativa estiman que con ella se podría superar el 60% de valorización de los residuos urbanos que albergan los Ecoparques. La cifra actual en España es del 40%, que dispone de dos años para incrementarla en un 10% en aras de cumplir el requisito establecido por la Unión Europea.

Beneficios económicos

El proyecto de Biohtm y Neoliquid también persigue disminuir de manera considerable las importaciones españolas desde Sudamérica y Malasia de los aceites de palma y soja a partir de los cuales se consiguen los biocombustibles de primera generación.

La instalación actual puede producir en torno a 1.700 toneladas de combustible cada año (unos 2 millones de litros), pero, «dada la capacidad de materia prima en el Ecoparque de Toledo», se podrían añadir otras modulares hasta llegar a las 10.000 tn/año. «Cada planta modular da empleo a siete personas de forma directa y en muchos vertederos se pueden implementar hasta cuatro módulos», asegura el experto.

La instalación actual puede producir en torno a 1.700 toneladas de combustible cada año

«Estamos comercializando el producto fuera de España, en Holanda y Portugal, por razones administrativas, ya que las directivas europeas contemplan nuestro combustible como de segunda generación pero en España éstas aún no se han traspuesto por retrasos que no entendemos. Tal coyuntura motivó que surgiera hace un año AFABIOR, la primera Asociación de Fabricantes de Biocombustibles y combustibles Renovables», recalca Verda, que actúa como su presidente.

Dada la cantidad de residuos que se generan en España, según las previsiones de AFABIOR, se podrían demandar unas 1.500 plantas semejantes a la de Toledo en todo el territorio nacional. «Unas 300 podrían ser como la nuestra, con una calidad del biocombustible altísima. Y el resto, con una calidad menor (combustible marino o fuel), cuyo objetivo principal sería competir contra el coste de vertedero, el cual verá incrementadas sus tasas en breve para “forzar” a los gestores a reciclar y valorizar» con la mirada fija en ese mencionado horizonte comunitario de 2020 de estrictos retos medioambientales, concluye.

 

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